Comunicación en situaciones dolorosas para los niños
La comunicación es un aspecto esencial tanto en el reconocimiento como en el tratamiento del dolor en los niños. Tratar con un niño que está experimentando dolor no es fácil, entre otras cosas porque la experiencia dolorosa de un niño también es causa de ansiedad en los adultos que son testigos de la misma. Pero un niño con dolor necesita una respuesta efectiva que, en un primer momento, tiene que ver especialmente con los procesos de comunicación entre el niño y los adultos que le cuidan. Kuttner (2010) ha preparado una guía basada en lo que, según esta autora, niños, profesionales de la salud e investigadores saben que es útil para un niño con dolor agudo o persistente. Esta guía incluye los siguientes aspectos:
- Responder rápidamente al dolor del niño de un modo empático, profesional y práctico y dirigir su atención a las sensaciones que podrían ser mas reconfortantes y calmantes para él.
- Explicar al niño, con un lenguaje adecuado a su edad, qué está ocurriendo en su cuerpo. Al niño le ayudará a comprender lo que le está pasando si se le habla en un tono calmado, diciéndole lo que es necesario que haga, mientras se le proporcionan explicaciones concisas.
- Establecer contacto físico con el niño de la manera en que ambos, niño y adulto, se sientan bien. Esto dependerá de la relación que se tenga con el niño, de su edad y de la situación. Puede ser una palmada en un hombro y/o animar a sus padres a que le proporcionen confort y protección. Con un niño demasiado estresado por el dolor para escuchar, la comunicación no verbal, como el contacto físico, puede ayudar a transmitirle calma y seguridad.
- Reconocer el dolor del niño, sin minimizarlo ni negarlo. El niño se puede sentir ninguneado u ofendido cuando no se reconoce su dolor. Pedirle, antes de una evaluación mas precisa, que hable de lo que le duele, cuánto le duele, dónde, etc.
- Promover que los padres permanezcan con el niño, porque en situaciones de dolor los niños se sienten muy vulnerables y no quieren estar solos, de manera que es de gran ayuda el que los padres o algún familiar permanezca con ellos.
- Contarle al niño los pasos positivos que se están tomando para tratar su dolor, sin mentirle, ni negarle información esencial ni darle falsas seguridades. Dar al niño una información adecuada a su edad para que él y sus padres puedan entender lo que está pasando.
- Proporcionar a los niños esperanza, cuando sea posible, porque los niños necesitan saber que el dolor mejorará según se vayan tomando las medidas oportunas.
- Enseñar al niño algunas estrategias de manejo del dolor, sugiriéndole medidas que pueden ayudarle, como respirar profundamente, soplar haciendo burbujas o contarle alguna historia que le guste especialmente. Cuando el niño participa de manera activa en estrategias de este tipo, mejora la desesperanza que puede embargarle cuando el dolor le sobrepasa.
- Ser un entrenador atento y rastrear lo que sería más terapéutico para apoyar el afrontamiento del niño promoviendo sus capacidades.
- Mantener la calma, ya que eso tranquilizará al niño. Comprobar la propia respiración y, si es superficial y rápida, respirar profundamente y relajar la tensión hasta que se sienta uno mas calmado.
- Mantener con el niño un diálogo utilizando términos simples, claros y que él pueda comprender.
Referencias bibliográficas
Kuttner, L. (2010). A child in pain: what health professionals can do to help: Wiley Online Library.
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